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El Espacio Cultural Bellas Hartas abre sus puertas como un proyecto disruptivo en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, ubicado en República de Cuba 16. Esta iniciativa cultural se dedica a la visibilización y promoción de las disidencias LGBTTTIQ+, estableciéndose como un punto de encuentro que celebra la diversidad sexual y de género a través de múltiples expresiones culturales y artísticas contemporáneas.


ECBH nace de la necesidad urgente de generar entornos seguros y de representación para los colectivos "cuir" en la CDMX, al tiempo que contribuye activamente a la renovación de una arteria vital del primer cuadro capitalino. El espacio operará bajo la dirección de un comité especializado, garantizando una gestión cultural comprometida con la diversidad y la inclusión.




El Espacio Cultural Bellas Hartas busca ser un espacio seguro donde las identidades disidentes sexuales contemporáneas se reconocen, interrogan y proclaman, estableciendo un puente temporal entre las luchas históricas y las resistencias actuales. El ECBH busca impulsar nuevos territorios culturales inclusivos en la Ciudad de México, reafirmando el compromiso del arte contemporáneo con la justicia social y la diversidad.


HORARIOS

Miércoles a sábado 
12-20 h

Domingos 
de 12 a 17 h




UBICACIÓN


DIRECCIÓN

República de Cuba 16, Centro Histórico

Metro Bellas Artes Linea 8

Metrobus República de Argentina de la Línea 4.

Exhibiciones—Proyectos—Talleres—Charlas—Etc


Fechas

CUM-BUSTIBLE

FERNANDO FERRER
@fernandoferrer.art

FEBRERO—MARZO 2026


En los últimos años he observado cómo las marcas han aprendido a vestir las luchas. Durante el mes del orgullo, aparecen empresas que jamás se han involucrado realmente con la defensa de la comunidad LGBTQ+, pero que aprovechan la visibilidad de junio para lanzar campañas “inclusivas”, llenar sus productos de arcoíris y vender una supuesta empatía que desaparece al terminar el mes. Todo esto lo hacen sin cuestionar ni un solo pilar de las estructuras que nos siguen oprimiendo.
Mi proyecto nace como una respuesta a esa apropiación vacía. Decidí tomar las imágenes y los nombres de marcas que nunca se han pronunciado de forma activa a favor de nuestros derechos y convertirlos en piezas artísticas. No lo hago para rendirles homenaje, sino para poner en evidencia cómo el capital se apropia de causas ajenas, vaciándolas de contenido político para transformarlas en valor de mercado. Quise que las obras fueran lindas. No como un acto ingenuo de complacencia, sino como una estrategia consciente. En el contexto actual, con un discurso público que cada vez se inclina más hacia posiciones ultraconservadoras, la estética amable funciona como un caballo de Troya. Quiero que el espectador se sienta atraído por los colores, la pulcritud y el aparente optimismo, para que después se enfrente a la incomodidad de entender que esa belleza refleja una exigencia impuesta sobre las personas queer: ser atractivas, rentables y “vendibles” para ser aceptadas. En mi trabajo, lo bonito es una trampa. Es una máscara que oculta y, al mismo tiempo, afila la crítica. En un contexto de ultraderecha, usar esta estética es una forma de infiltración: seducir para después confrontar, vender para después devolver la pregunta.

Este proyecto no ofrece un final feliz. Lo que busco es que recordemos que una lucha no es mercancía. Y que cada vez que la empaquetamos para que sea fácil de consumir, estamos sacrificando una parte de su fuerza política.


Escrito en el cuerpo de la noche: coreografías de la disidencia


NEWTON
@joven_escultor

SANDRA BLOW
@sandrablow.photo

Pepx Romero
@pepxromero

Alan Balthazar
@archivoalanbalthazar

Valerio Gámez


FEBRERO—MARZO
2026



Estigmas que nos cobijan, rebozos que guardan memoria

Jaime ‘Puki’ Antonio Ferreira
@puki_dealabama



FEBRERO 5—8
2026

Espacio 22, primer piso
@salonacme

El rebozo es, por excelencia, la prenda del mestizaje y la síntesis cultural. Su etimología sugiere el acto de la ocultación (re-bozarse, cubrirse el rostro), naciendo de una imposición colonial: la necesidad de las mujeres mestizas de cubrir su cuerpo para ingresar a los templos, emulando las tocas de los frailes y los mantos españoles. Sin embargo, su manufactura es resistencia indígena; en él persisten el uso del malacate, el telar de cintura y el manejo virtuoso de fibras ancestrales como el ixtle, el algodón blanco y el coyuchi (coyote), de origen prehispánico.Esta prenda polisémica —nombrada mini-mahue entre los otomíes o cenzotl (“manta de mil colores”) en la tradición náhuatl— encuentra en la obra de Jaime “Puki” Antonio Ferreira una relectura radical. Historiador y maestro de la compleja técnica del Rebozo de Jaspe (Ikat), Puki combate los esencialismos y el "trans-indigenismo" de mercado que exige al artesano cumplir con una cuota de folclore para ser validado.

Sus piezas no buscan el recato, sino la confrontación. Entre la urdimbre y la trama, Puki teje una memoria dolorosa marcada por la discriminación y la crisis del VIH. Palabras que socialmente han funcionado como sentencias de exclusión —puto, maricón, pinche sidoso— son capturadas matemáticamente en los hilos teñidos para ser exhibidas sobre el cuerpo.

Puki subvierte así la función primigenia del objeto: el rebozo deja de ser un velo para "no ser vistas" y se transforma en una pancarta que visibiliza los estigmas. Nos cobijamos en el insulto no para escondernos, sino para desactivar su carga moral y convertir la herida en identidad y orgullo.
Antonio Martínez Velázquez



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