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La icónica república de cuba, pasarela histórica de maricas, lenchas, vaquerobvias y elegantes transformistas tiene nuevas inquilinas: Las Bellas Hartas, un espacio cultural que, entre la música, los tacones, las multitudes y los neones de la noche LGBTIQ+ del centro de la ciudad de México surge para celebrar el arte y la diversidad.



Chinchilagua

Manuel Zúñiga
@manuelzuniga

SEPTIEMBRE 2025—ENERO 2026

Vitrina Bellas Hartas


Curada por 
Alberto Ríos de la Rosa


En los patios escolares de diversas ciudades mexicanas resuena un grito que convoca cuerpos y memorias: "¡Chinchilagua arriba voy y si se cae el burro no pierdo yo!". Este juego tradicional, conocido particularmente en Fresnillo, Zacatecas, constituye un ritual donde los cuerpos se organizan en arquitecturas corporales complejas, sosteniendo el peso colectivo mientras otros saltan sobre sus espaldas. Bajo su aparente brutalidad, el juego encubre un sofisticado sistema de intimidades masculinas codificadas dentro de los parámetros del machismo mexicano. La presente exhibición, concebida por Manuel Zúñiga en colaboración con el coreógrafo y bailarín Mauricio Rico, toma esta práctica lúdica como punto de partida para examinar las construcciones de género en el contexto nacional, revelando las estructuras profundas que articulan las nociones de masculinidad, nacionalismo y corporalidad en el imaginario mexicano contemporáneo.

El proyecto emerge de una memoria corporal situada en la experiencia escolar mexicana, donde el uniforme deviene segunda piel y los rituales cívicos semanales estructuran la temporalidad infantil. En este contexto, las interacciones informales constituyen una pedagogía no oficial de la masculinidad que transmite la resistencia al dolor, la competencia física y el contacto corporal dentro de límites precisos. Simultáneamente, estas dinámicas posibilitan momentos fugaces de ternura encubierta, de cuidado mutuo disfrazado de violencia lúdica y de placer homoerótico sublimado en el ritual deportivo.

Como señala Paul B. Preciado, "la masculinidad es ante todo una noción política: no existe una esencia masculina natural, sino múltiples técnicas políticas de construcción del cuerpo y de la subjetividad que producen lo que reconocemos como masculinidad". Desde esta perspectiva teórica, el proyecto establece un diálogo crítico con las manifestaciones cívico-deportivas del México posrevolucionario, particularmente las pirámides humanas de los desfiles del 20 de noviembre y las exhibiciones gimnásticas masivas que caracterizaron el nacionalismo del siglo XX. Los elementos del repertorio nacionalista mexicano como la bandera, el uniforme, la formación militar son reconfigurados para exponer su carácter performativo y su naturalización a través de la repetición sistemática.

La propuesta evidencia cómo el deseo homoerótico ha habitado históricamente estos espacios hipermasculinos, donde la admiración por el cuerpo esculpido fuerte constituye un elemento fundacional de la pedagogía patriótica mexicana. Estas prácticas encontraron su correlato arquitectónico en proyectos como el Centro Urbano Presidente Alemán (en cuyo espacio fueron hechas las fotografías), emblema del modernismo mexicano posteriormente reinterpretado como utopía inconclusa, que articulaba una visión del cuerpo ciudadano como componente esencial de la monumentalidad estatal. La exhibición recupera y subvierte estas genealogías mediante una relectura donde la sensualidad y la ambigüedad desestabilizan las certezas del proyecto nacional modernizador.


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